Hay una pregunta que casi ningún monotributista puede contestar rápido: ¿cuánto ganaste el mes pasado?
No cuánto facturaste. Cuánto ganaste. Lo que quedó después de restar todo lo que el trabajo te costó producir.
La razón por la que no se puede contestar casi nunca es la misma: entra todo a la misma cuenta y sale todo de la misma cuenta. El cliente te transfiere, y de ahí mismo pagás el supermercado, la cuota del monotributo, Netflix y el diseñador que subcontrataste. Todo junto.
Por qué mezclar te cuesta plata de verdad
No es una cuestión de prolijidad. Tiene consecuencias concretas:
- No sabés si un cliente te conviene. Si no separás los costos de cada trabajo, un cliente que te paga bien pero te obliga a subcontratar puede estar dejándote menos que otro que paga menos.
- Guardás mal para los impuestos. La categoría del monotributo, el IVA si corresponde, Ingresos Brutos. Si esa plata está mezclada con la tuya, la vas a gastar sin darte cuenta.
- No podés ponerte un sueldo. Y sin sueldo definido, siempre sentís que "no te alcanza", aunque el negocio esté yendo bien.
No necesitás otra cuenta bancaria
Esto es lo que frena a la mayoría: piensan que separar significa abrir una cuenta empresa, y lo postergan para siempre.
No hace falta. La separación puede ser contable, no bancaria. Es decir: la plata puede estar físicamente en el mismo lugar, mientras vos sepas qué parte es de cada uno.
Lo que sí necesitás es etiquetar cada movimiento al momento de cargarlo. Un gasto es del negocio o es tuyo. Nunca "ya lo veo después", porque después no te vas a acordar.
Las cuatro cajas
Una vez que separás, conviene pensar en cuatro destinos para cada peso que entra:
- Costos del negocio. Lo que necesitás para producir: herramientas, subcontratados, servicios que usás para trabajar.
- Impuestos. El monotributo y lo que corresponda. Se aparta apenas cobrás, no a fin de mes.
- Tu sueldo. Un número fijo que te pasás a vos. Fijo de verdad, aunque el mes haya sido bueno.
- Reserva del negocio. Para los meses flojos, que van a existir.
Sobre el sueldo fijo
Es la parte más incómoda y la más importante. Si cobrás todo lo que sobra, en los meses buenos vas a gastar de más y en los malos vas a estar corto. Un sueldo fijo, aunque sea modesto, te da algo que un freelance casi nunca tiene: previsibilidad.
El excedente de los meses buenos no se toca: va a la reserva. Eso es lo que financia los meses flojos, y es la diferencia entre un negocio que aguanta y uno que vive de urgencia en urgencia.
Cómo empezar sin rehacer todo
No hace falta reconstruir el año pasado. Empezá desde hoy:
- Elegí tu sueldo. Mirá tus gastos personales fijos de los últimos tres meses y poné un número que puedas sostener.
- Etiquetá cada movimiento nuevo. Negocio o personal, en el momento.
- Apartá los impuestos apenas cobrás. Un porcentaje fijo, siempre el mismo.
- A fin de mes, mirá cuatro números. Facturado, costos, impuestos, sueldo. Con eso ya sabés más que el 90% de los monotributistas.
Cómo lo resuelve PLENO
En PLENO cada gasto puede ir a una categoría propia, así que separar negocio de personal es una etiqueta, no una cuenta bancaria nueva. Los reportes te muestran los dos mundos por separado y juntos.
Y como los ingresos y gastos conviven con tus tareas y proyectos, podés ver qué te costó cada trabajo — no solo cuánto te pagaron.
Si además cobrás en moneda extranjera, leé cómo llevar la cuenta si cobrás en dólares y gastás en pesos.